En la era de la digitalización y la conectividad, está surgiendo una nueva clase de productos que desafía la categorización tradicional. Estos productos, conocidos como productos inteligentes, están cambiando fundamentalmente el panorama de las industrias, impactando desde los procesos de fabricación hasta las experiencias de los usuarios finales.
¿Qué son los productos inteligentes?
Los productos inteligentes están revolucionando el panorama empresarial, redefiniendo las cadenas de valor y ampliando el horizonte de la ventaja competitiva.
Esencialmente, estos productos conectados son dispositivos que se comunican a través de Internet, compartiendo información sobre sí mismos, su entorno o los usuarios a los que sirven. Tres componentes principales los caracterizan: los físicos, los inteligentes y los de conectividad.
Componentes principales de los productos inteligentes
- Componentes físicos: Estas son las partes tangibles, a menudo de naturaleza mecánica o eléctrica. Por ejemplo, el bloque del motor, los neumáticos y la batería de un automóvil son componentes físicos.
- Componentes inteligentes: Estos componentes dan vida al producto, incluyendo elementos como sensores, microprocesadores, almacenamiento de datos y software. Por ejemplo, un automóvil puede tener pantallas táctiles, sistemas de iluminación adaptativa o asistentes de estacionamiento.
- Componentes de conectividad: Esta dimensión abarca los medios que permiten la comunicación, como puertos USB, antenas y protocolos inalámbricos. La conectividad se puede clasificar en tres tipos: uno a uno, uno a muchos y muchos a muchos, dictando cómo interactúan los productos con otras entidades.
Los productos inteligentes abren nuevas posibilidades para las empresas, ya sea en marketing, servicio postventa o diseño de productos. Los avances tecnológicos han permitido construir baterías, microprocesadores, etc. cada vez más pequeños y potentes. El software de procesamiento de datos, los algoritmos y la conectividad permiten una infinidad de nuevas funcionalidades para los productos.
Por ejemplo, un reloj equipado con un sensor óptico y conectado a un software para medir y analizar el ritmo cardíaco podría detectar una anomalía cardíaca y sugerir una cita con un médico. De esta manera, los productos dejan de ser simplemente objetos que cumplen una función básica, y se convierten en herramientas más eficientes y adaptadas a sus usuarios.
Niveles de capacidad de los productos inteligentes
Michael Porter y James Heppelmann proponen un marco de cuatro niveles de capacidad distintos para los productos inteligentes: monitoreo, control, optimización y autonomía. Cada nivel incorpora las funcionalidades del nivel anterior, creando una jerarquía de capacidades.
Nivel 1: Monitoreo
En este nivel, el producto está equipado mínimamente con sensores que permiten monitorear su estado o el del usuario. Estos sensores permiten el monitoreo en tiempo real y el registro de datos.
Por ejemplo, un reloj con un sensor óptico que registra el ritmo cardíaco del usuario y utiliza una aplicación en un teléfono celular para mantener un historial de datos.
Nivel 2: Control
Cuando un producto alcanza el nivel de control, es posible operar un comando de forma remota con la ayuda de un algoritmo integrado en el producto o en la nube. Los algoritmos son reglas en la programación del producto que le ordenan responder a los cambios en sus condiciones o entorno.
Por ejemplo, un automóvil con limpiaparabrisas que detecta la lluvia y se encienden automáticamente. El automóvil responde a los cambios en su entorno (lluvia) utilizando sensores y algoritmos.
Nivel 3: Optimización
La combinación de los niveles 1 y 2 permite a los productos alcanzar el nivel de optimización de varias formas. Al acumular datos, se vuelve posible desarrollar herramientas para analizarlos y aumentar el rendimiento del producto.

Por ejemplo, un reloj que utiliza software utilizado por varios usuarios. A medida que se acumulan datos, los algoritmos se vuelven más precisos y pueden detectar problemas más sutiles, lo que aumenta el valor agregado del producto.
Nivel 4: Autonomía
El último nivel de capacidad es la autonomía. Esto significa que el producto puede realizar tareas completamente autónomas. En el nivel más simple, se puede citar el ejemplo de una aspiradora robótica como el Roomba de iRobot. Esta aspiradora utiliza sensores y software para escanear y limpiar el suelo, además de regresar a su base de carga por sí misma y poder programar su ciclo a horas específicas del día.

En casos más complejos, los productos autónomos pueden aprender sobre su entorno, diagnosticar sus necesidades de servicio y adaptarse a las preferencias del usuario. Los algoritmos utilizan la inteligencia artificial para aprender sobre su entorno y su usuario, lo que permite optimizar continuamente el producto sin intervención humana.
Los productos inteligentes están cambiando la forma en que operan las empresas, desde el diseño de productos hasta el servicio postventa. A medida que la inteligencia artificial continúa avanzando, el potencial de los productos inteligentes para evolucionar hacia entidades autónomas crece. Nos encontramos al borde de una era transformadora en la que estos avances redefinirán las industrias y nuestra forma de vida.
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