La conciencia y la inteligencia son dos conceptos que han sido objeto de estudio y reflexión a lo largo de la historia de la humanidad. En particular, el filósofo y escritor Jiddu Krishnamurti ha planteado interesantes reflexiones sobre la conciencia y su relación con la introspección y la mejora personal.
¿Qué es la introspección?
Para comprender el despertar de la inteligencia, es fundamental entender primero qué es la introspección. La introspección es el acto de mirar hacia uno mismo, de examinarse. Se realiza con el objetivo de mejorar, de cambiar, de modificarse. La introspección surge del deseo de transformar lo que somos en algo distinto. Por ejemplo, si estamos enojados, nos examinamos para intentar deshacernos de la ira o para modificarla.
La introspección implica un proceso de transformación, de cambio, de conflicto interno. Al examinarnos a nosotros mismos con el fin de mejorar, de cambiar nuestras respuestas y reacciones, entramos en un constante estado de conflicto. Si no logramos el cambio deseado, experimentamos frustración y depresión.
La introspección se basa en la identificación y la condena. Nos identificamos con ciertos aspectos de nosotros mismos que queremos cambiar, y los condenamos por no ser como nos gustaría. Este proceso de introspección y auto-mejora está enfocado en el yo, en el ego, en el individuo. Por lo tanto, la introspección es una forma de auto-centrismo.

La importancia de la conciencia
Por otro lado, la conciencia es completamente diferente. La conciencia implica una observación sin condena. Es una observación silenciosa que no busca mejorar, cambiar o modificar nada. La conciencia trae consigo la comprensión, ya que no hay lugar para la condena o la identificación. Si queremos comprender algo, debemos observarlo sin críticas, sin condenas, sin perseguirlo como placer o evitarlo como no-placer. Simplemente debemos observar los hechos tal como son.
La conciencia implica estar en contacto con el entorno exterior, con los objetos, la naturaleza, las personas y las ideas. Es una observación constante de todo lo que surge en nuestro interior. La conciencia no busca acumular ni mejorar el yo, sino comprender las actividades del yo en relación con las personas, las ideas y las cosas.
La conciencia no puede ser practicada porque no es un hábito. La conciencia requiere una mente flexible, alerta, sensible. Es lo que experimentamos cuando estamos profundamente interesados en algo, cuando observamos a nuestros hijos, a nuestra pareja, a la naturaleza. Observamos sin condena, sin identificación, en completa comunión con lo observado.
La diferencia entre introspección y conciencia
La introspección y la conciencia son dos procesos completamente diferentes. La introspección lleva a la frustración, al conflicto interno, porque está basada en el deseo de cambio y mejora personal. La introspección es un proceso de auto-encierro.
Por otro lado, la conciencia es un estado que nos libera de la acción del yo. La conciencia nos brinda libertad, nos permite comprender la verdad de nuestra existencia diaria. La conciencia es un estado de observación sin condena, sin justificación, sin identificación. En la conciencia, no hay separación entre el observador y lo observado.

Es importante recordar que el observador y lo observado son un fenómeno conjunto. En el momento de la experiencia, no hay un yo que sea consciente ni un objeto del cual ser consciente. Solo hay un estado de experiencia. La división entre el observador y lo observado surge después de la experiencia, cuando la nombramos y la juzgamos.
La introspección nos lleva a la insatisfacción y al conflicto interno, mientras que la conciencia nos brinda libertad y comprensión. El despertar de la inteligencia se encuentra en la conciencia, en la observación sin condena, en la comprensión de la verdad de nuestra existencia diaria.
Experimentando la conciencia
Para experimentar la conciencia por nosotros mismos, podemos realizar un sencillo experimento. La próxima vez que estemos enojados, celosos, codiciosos o violentos, podemos observarnos a nosotros mismos en ese estado. En ese momento, el yo desaparece y solo queda el estado de ser. Si no nombramos ese sentimiento, si no buscamos un resultado, si no condenamos, simplemente observamos en silencio, veremos que en ese estado de experiencia no hay observador ni observado, solo hay experiencia.
La introspección y la conciencia son dos caminos opuestos. La introspección nos lleva a la frustración y al conflicto, mientras que la conciencia nos brinda libertad y comprensión. El despertar de la inteligencia se encuentra en la conciencia, en la observación sin condena, en la comprensión de la verdad de nuestra existencia diaria.
El despertar de la inteligencia implica abandonar la introspección y abrazar la conciencia. La introspección nos lleva al conflicto interno y a la frustración, mientras que la conciencia nos brinda libertad y comprensión. La conciencia nos permite observar sin condena, sin identificación, en completa comunión con lo observado. Es a través de la conciencia que podemos comprender la verdad de nuestra existencia diaria y experimentar el despertar de la inteligencia.
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